En memoria de un trabajo hecho por amor a Cajabamba.

Raúl Hernán Urbina Paz no fue un hombre de discursos ruidosos ni de búsqueda de reconocimientos. Fue un hombre sencillo en su grandeza, de esos que trabajan por su pueblo sin afán de protagonismos, movido únicamente por el deseo de ver crecer y ser valorada a su gente, su cultura y sus tradiciones.

Entre esos arduos esfuerzos estuvo su profundo compromiso con la Danza de los Diablos de Cajabamba, una expresión cultural que vive en nuestras calles, en nuestras fiestas, en nuestra historia y en la identidad de nuestro pueblo.

Movido por razones estrictamente culturales y de identidad cajabambina, y con dedicación y constancia, investigó, recopiló testimonios, revisó fuentes históricas y lideró un enorme trabajo de investigación y gestión, que permitió elaborar el sustento técnico gracias al cual esta danza fue reconocida como Patrimonio Cultural de la Nación, distinción otorgada por el Ministerio de Cultura del Perú.

Mi padre estuvo presente en ese proceso sin buscar figurar, sin pedir méritos, sin esperar nada a cambio. Lo hizo como hizo muchas cosas en su vida: pensando en el bienestar de Cajabamba, en que nuestras tradiciones no se pierdan, en que las nuevas generaciones sepan de dónde vienen y se sientan orgullosas de su herencia cultural.

Este logro no pertenece a una sola persona. Es del pueblo, de los danzantes, de los músicos, de las familias que han mantenido viva la tradición a lo largo de los años. Pero también es justo recordar a quienes, desde la gestión silenciosa y el trabajo constante, ayudaron a que esa riqueza cultural fuera reconocida oficialmente por el país.

Hoy no hablo desde el orgullo personal, sino desde la gratitud. Gratitud por haber tenido un padre que amó profundamente su tierra y que trabajó por ella sin intereses personales, con la sencillez de quien entiende que servir es más importante que figurar.

Que estas palabras sirvan también para que más cajabambinos conozcan la historia detrás de esta declaratoria y valoren aún más la Danza de los Diablos de Cajabamba, no solo como espectáculo, sino como herencia viva de nuestro pueblo.

F. Urbina.

Informe: Archivo Raúl Urbina Paz.

Fotografía: Álbum Raúl Urbina Paz, 1913





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