Cajabamba: entre la desidia y la inmundicia Cajabamba, descrita por el viajero y científico alemán Ernst Middendorf a finales del siglo XIX como una pequeña ciudad de calles estrechas, casas de teja y acequias que discurrían por sus vías, de clima benigno, pero sobre todo limpia y acogedora; por su parte mi padre, Raúl Urbina, recoge un dato revelador: según el acta del Concejo Provincial del 7 de diciembre de 1873, el empedrado de las calles comenzó durante la alcaldía de Manuel Sacramento Cárdenas y continuó con Agustín Flores. Es decir, hace más de ciento cincuenta años ya existía una preocupación por el ornato público. Hoy, pese al crecimiento urbano, pareciera que aquel civismo ha sucumbido ante el desinterés administrativo y la indolencia ciudadana. He regresado a Cajabamba después de dos años para celebrar la fiesta de octubre en honor a nuestra Santísima Virgen del Rosario. Pero el reencuentro con mi tierra ha resultado desolador. Sus calles se han convertido en auténticas le...